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Y así fue como Gokú se volvió más peruano que el pisco

A finales de los 90 ver anime en el Perú, pasaba por ser un hobbie raro atribuido a jóvenes demasiado entrados en años para estar viendo “dibujitos animados”. Jóvenes raros y solitarios.

Hoy, digamos 15 años después, ver anime es simplemente un hobbie de moda y sin duda uno de los que tienen más hinchada, organización y presencia. Casi diríamos inmediatamente después del fútbol. 

Antes ver anime significaba una “especialización cultural”, hoy cualquier hijo de vecino ve anime casi sin saber lo que es, o que es japonés. ¿Qué fue lo que pasó? En realidad es muy simple, varios grupos de fans dieron origen al boom del anime en el Perú a base de organizarse, explicar y mostrar sus animes (y mangas, la versión en papel) a todo el que les diera cinco minutos de su tiempo. Y como manga y anime representan un universo enorme de temática y segmentación por edades, poco a poco más gente se enganchó, encontrando un nicho adecuado de entretenimiento. 

Pero hay un hecho crucial sin el que nada de esto hubiera sido posible: América Televisión se animó a comprar toda la serie de anime Dragonball y una buena tarde la lanzó empezando su horario prime. El canal no sabía la que se iba a armar pues en muy poco tiempo la serie lograba picos de 35 puntos de rating y uno podía ver gente parada en las calles viendo el episodio en las tiendas de electrodomésticos, o cafeterías de universidades repletas de chicos y chicas. 

Esto acercó el anime al no iniciado y los “otakus” (en sencillo, “aficionado al anime”) se encargaron del resto; ahora el anime se veía en casa al terminar la tarde, incluso por los padres y otros adultos. 

El anime se convirtió entonces en algo que compartir y de lo que conversar, caló en el imaginario popular como “chapas” entre amigos, parodias y referencias cruzadas. Se lo mencionaba en el noticiero, en las novelas y en los programas concursos. Y eso abrió las puertas a otras modas, como la música venida de Japón (y luego de Corea). Luego el internet se masificó y eso abrió el acceso directo a Japón y sus 50 series semanales de anime. 

Hoy el peruano promedio de entre 20 y 30 años sabe que es el anime y los niños no imaginan un mundo en donde no forme parte de sus opciones en la tele. Pokemon, Pikachu, Dragonball, Gokú, Naruto, Bakugan son una pequeña muestra de muchas palabras que todos “hemos oído alguna vez”, sin saber que su origen está al otro lado del mundo. Pregunten a quien quieran y se convencerán.

Escribe Jorge THOMAS ROMERO

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