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¿Por qué debería gustarme el tenis?

Si hay algo que gusta ver, es un buen partido de tenis. Son innumerables veces que postergamos una salida para poder ver cómo termina un encuentro. A algunos les parecerá raro esta afición, pero en gustos y colores, no han escrito los autores.

Es así que te presentamos cinco razones para que compartas nuestro gusto por este deporte. Y acá están:

1. Porque es un deporte que abarca muchos aspectos. En el tenis, el reloj solo existe para registrar records. ¿Sabías que en el 2010, dos jugadores alargaron su partido por once horas y cinco minutos, a lo largo de tres días? Wimbledon, el certamen más tradicional del mundo, fue testigo de este partido entre el estadounidense John Isner y el francés Nicolas Mahut, que pasó a la historia alcanzar un récord increíble (el récord anterior era de seis horas, 33 minutos). Ambos debieron demostrar un físico envidiable, pero también una fortaleza mental que muchos quisieran y que es un requisito para un deporte individual. 

Además, el tenis no es sólo fuerza: jugadores con una fuerza tremenda para el saque, como el croata Ivo Karlovic (en el 2004 marcó un récord  al registrar una velocidad de 251 km/h), no han obtenido grandes éxitos en el circuito profesional. El segundo en este ranking, el norteamericano Andy Roddick (249,44 km/h en 2004), apenas registra un título y cuatro finales en torneos de Grand Slam, siendo superado por jugadores con mayor técnica que les permitió encontrar formas para superarlos. 
Como disciplina deportiva, el tenis exige que los jugadores requieran desarrollar muchas habilidades para poder sobresalir.

2. Porque hay jugadores para todos los gustos. En la historia del tenis ha habido rivalidades que han ido marcando tendencias. A algunos les agradó la agresividad de Jimmy Connors más que el juego y actitud temperamental de John McEnroe. O el talento de Justine Henin por encima de la fortaleza de Serena Williams. O la habilidad de Roger Federer frente a la garra de Rafael Nadal. 

Durante décadas, el tenis fue encontrando personajes que han mantenido el interés de los aficionados, que esperaban con ansias el encuentro entre su favorito frente a su némesis. Y estos enfrentamientos pocas veces han defraudado. 

3. Porque está el mejor de la historia. Considerado así por varios críticos, disfrutamos de cada partido de Roger Federer (y más aun si gana). La habilidad que muestra con la raqueta es casi única, y es la principal razón por la que ha ganado 17 torneos de Grand Slam, aparte de 8 finales en este nivel de torneo y 22 finales en los Masters 1000 (que ocupan el segundo nivel en la jerarquía del circuito). 

Pese a que tuvo temporadas de notorio bajón deportivo –para su nivel–, supo reinventarse y mantenerse como un jugador competitivo a sus 33 años. Actual número tres del mundo, ocupó durante 4 años y seis meses el primer lugar del ranking mundial (del 2 de febrero de 2004 al 17 de agosto de 2008), un récord para el circuito. Y aunque no ha tenido los éxitos deportivos a los que está acostumbrado, tal parece que tiene ganas y talento para seguir peleando por ser alcanzar nuevamente ese primer lugar.

4. Porque el tenis vive una época de oro. Federer no está solo: Rafael Nadal y Novak Djokovic le han dado al circuito un nivel pocas veces visto en la historia de este deporte, en el que tres tenistas han exhibido sus habilidades para luchar de igual a igual por los títulos más importantes, y fueron alternando su dominio a lo largo del último lustro. Son los únicos que han demostrado capacidad plena para pelear durante toda la temporada, adaptándose plenamente a las diferentes superficies en las que se juega a lo largo del año. 

Tienen la habilidad para identificar las fortalezas y debilidades de sus oponentes, e ir replanteando sus estrategias de juego. Y además, son carismáticos y han trascendido más allá del deporte (en eso destacó mucho más Djokovic por las ocurrencias que lo hicieron conocido al inicio de su carrera). 

Detrás de ellos, aparecen jugadores como Andy Murray, David Ferrer, Juan Martín del Potro y otros más que, en buenas condiciones físicas y mentales, pueden dar pelea. Y la camada de jóvenes jugadores como Kei Nishikori y Grigor Dimitrov apuntan como los futuros líderes del circuito. El talento y el buen tenis parecen estar asegurados por un buen tiempo.

5. Porque sí. En el 2006, mientras la mayoría de mortales prefería ver los partidos del mundial de fútbol realizado en Alemania, otros -incluso nosotros- preferían seguir atentos las incidencias de los encuentros que se desarrollaban en Wimbledon. ¿Cómo era posible? La respuesta es fácil: el tenis nos parece un deporte más atractivo que el fútbol. 

El intercambio de golpes, la intensidad del juego y la rapidez en que se van sumando puntos contrasta con la emoción del gol en el fútbol, que no se da siempre. Por el tenis nos despertamos en plena madrugada para seguir partidos (las finales en Australia del 2009 entre Roger Federer y Rafael Nadal, o la de 2010 entre Serena Williams y Justine Heninvienen a nuestra memoria), cosa que nunca hicimos por el fútbol. Bien dice el refrán: sobre gustos y colores, no han escrito los autores. 

A algunos les gusta el vóley, a otros el básquet, a muchos el fútbol. Y a una gran cantidad de seguidores, nos gusta el tenis y vibramos con cada raquetazo. 

Escribe Mario VILLACORTA CALDERON

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