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Peligrosamente tristes

Cuando un perro se deprime, se torna más lento y sin energía.  Empieza a perder el apetito, duerme muy poco y se vuelve solitario, aislándose de todos (humanos y animales). Entre otros factores, lo primero que hay que evaluar son los posibles problemas de salud. Ya que algunas enfermedades silenciosas, los deja sin energía.

Según,  Carlos Alfonso López García, Director de EDUCAN (escuela de adiestramiento canino), la depresión reactiva “puede aparecer tras situaciones de pérdida, abandono, muerte de otro perro de la casa o  desaparición de un miembro de la familia. También como consecuencia de un shock (atropellos, caídas), entre otras situaciones”. 

Los adiestramientos violentos con castigos severos, causan graves daños en su comportamiento. “Normalmente un perro se recupera por sí solo en menos de dos semanas, de ocho a diez días, aproximadamente. Pero si  no sucede así, es necesario tratar la depresión ya mismo, porque podría agravarse hasta llegar a la muerte”. 



Para la Dra. Karen Becker, “los perros son muy sensibles a nuestro estado emocional, pueden detectarlo a través de nuestro tono de voz, lenguaje corporal incluyendo nuestras feromonas. La forma en que nos movemos, hablamos y  comportamos les  envían señales sutiles que le indican si estamos tristes y ellos se contagian de esa tristeza”.

Como los perros no pueden hablar, necesitarán de nuestro dedicado poder de observación para detectar cambios en su estado emocional. Sacarlo a pasear más seguido, jugar, acariciarlo y consentirlo, será de gran ayuda. Además de consultar a tiempo con un especialista en comportamiento animal, para cuidarlos como se merecen.

Escribe Shanny ROBLES PLASENCIA

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