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Mugidos en busca de libertad

Existe un pensamiento que dice: “Salvar a un animal no cambiará el mundo, pero sí cambiará el mundo de ese animal”. Y es así como en esta historia, una humana se convirtió en la herramienta del destino, que giró a favor de una hermosa vaca que nunca esperó que su vida sería muy distinta a la  de su madre y sus hermanas.   

La Dra. Isabel Pamela Rodríguez Mendoza, conoció a Flor cuando solo tenía tres meses de edad. “Ella vivía amarrada con una soga en un establo de Lurín, donde la tenían en venta. Así que con un grupo de veganos que rescatábamos animales menores, juntamos el dinero para sacarla de ese lugar”, nos dijo en esta pequeña entrevista.  

Pero ¿por qué, rescatar un vaca?, lo más común es recoger perros, gatos y hasta algunas aves; “porque me conmovió el estado en el que vivía y el futuro que le esperaba, sabía que sería todo un reto para mí, pero aun así lo asumí con esfuerzo y sacrificio. Lo seguiré  haciendo hasta el final, porque es como una hija, de la cual me hago responsable”.



Ciertamente, si Flor permanecía en Lurín, hubiese terminado siendo preñada todos los años, además de ser obligada a producir leche indiscriminadamente. Y su pronóstico de vida hubiera alcanzado un máximo de cuatro años aproximadamente. Por lo que, después de su rescate, vivió por un tiempo en el Camposanto de la Policía, en Chorrillos.

“Después, en una hacienda de Huánuco; posteriormente en casa de una vecina en Casa Blanca, Pachacamac, donde permaneció por un año. Luego la trasladamos a una chacra de Chilca por unos meses. Y actualmente vive en el distrito de Moro, en Chimbote, junto a su fiel compañero Rambo un lindo perrito que la cuida y acompaña”.   

Es bueno saber, que Florcita goza de excelente salud, “pesa 500 kg. recibe sus chequeos veterinarios cada tres meses. Es desparasitada en cada cambio de estación; le aplican vitaminas inyectables y la peinan con mucho cariño. Tiene buen apetito, le encantan las manzanas, zanahorias, el maíz chala y los camotes, además del alimento balanceado”.  



Es una vaquita noble y agradecida que interactúa muy bien con los humanos, “recibe el alimento en la boca, le gusta que la cepillen  y la acaricien. Flor, me enseñó a entender todo lo que es capaz de hacer una madre por alguien que ama”, finalizó su protectora. Si gustas sumarte a esta noble labor, puedes visitar su fan page para mayor información.

Escribe Shanny ROBLES PLASENCIA

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